Autor: Hugo LP

  • Día de la Familia 2021-Homilía- 7/03/21- III Domingo de Cuaresma

    Día de la Familia 2021-Homilía- 7/03/21- III Domingo de Cuaresma

    Jesús subió a Jerusalén. En el Templo encontró a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los que cambiaban dinero instalados en sus mesas. Jesús hizo un látigo con unas cuerdas y echó a todos del Templo… y les dijo: «¡Saquen esto de aquí, y no hagan un mercado de la casa de mi Padre!”.

    Este pasaje ofrece la oportunidad de reflexionar en dos temas fundamentales que clarifican las exigencias que pide Jesús a sus discípulos. El primero es la necesidad de un Nuevo Templo, y el segundo tema la prioridad de la espiritualidad sobre la religiosidad, y la subordinación de la religiosidad al servicio de la espiritualidad.

    Jesús plantea una nueva concepción del verdadero templo. La Nueva Alianza que ofrece Jesús en nombre de su Padre, necesita de un espacio al servicio de la comunidad de creyentes, para expresar comunitariamente la respuesta del pueblo, mediante un nuevo Culto; que ya no consistirá en la ofrenda de cosas y objetos para Dios, sino en cumplir la voluntad del Padre. “Los judíos reaccionaron preguntándole:

    «¿Qué signo nos das para obrar así?». Jesús les respondió: «Destruyan este Templo y en tres días lo levantaré de nuevo»… Jesús se refería al Templo que era su cuerpo. Por eso, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos entendieron lo que había dicho, y creyeron en la Escritura y en la palabra de Jesús”.

    Por ello, un templo, espacio de compra de animales y monedas para adquirirlos y de altares para ofrecerlos, pierde su sentido. El nuevo templo es Jesucristo, y todo aquel que se una a la comunidad de discípulos formará parte de este nuevo templo, ofreciendo su cuerpo y vida al servicio evangelizador. Acontecimiento que  tiene lugar al recibir el Bautismo para ser hijos adoptivos de Dios, e incorporar a los discípulos de Cristo como una comunidad viva. El nuevo templo, iniciado con la resurrección de Jesús, es una comunidad viva que acepta las enseñanzas del maestro y las pone en práctica. Ya no será la relación con Dios mediante objetos externos a la persona, sino mediante la ofrenda existencial de la misma persona, poniendo su vida  al servicio de sus hermanos.

    Para lograrlo hay que tener como principal objetivo la experiencia de Dios, que consiste en un desarrollo integral humano y espiritual, percibiendo las inquietudes que se mueven en mi interior y discerniendo las que son para el bien de las que son para el mal. En esta tarea el cumplimiento de los 10 mandamientos y la normatividad derivada de ellos son un magnífico medio para descubrir, lenta pero progresivamente, la asistencia del Espíritu Santo en nuestra conducta, tanto personal y cómo comunitaria.

    La comunidad de los discípulos de Cristo, está llamada a testimoniar y expresar que en toda persona sea varón o mujer, está presente el Espíritu Santo; por esto la Iglesia defiende la misma dignidad para ambos sexos; ya que cada persona es morada, nuevo templo, donde reside Dios. Es pues necesario educarnos para expresar en la conducta social el respeto a toda persona, y desterrar de nuestra sociedad el injustificable flagelo de la violencia contra la mujer.

    Nuestras fallas, limitaciones y pecados nunca deben desanimarnos, ante tal situación debemos acudir a la misericordia divina, como recuerda la primera lectura: “soy misericordioso hasta la milésima generación de aquellos que me aman y cumplen mis mandamientos”. La misericordia de Dios Padre es mil veces mayor, que la exigencia penitencial que impone el pecado. San Pablo afirma: “Nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos; en cambio, para los llamados, sean judíos o paganos, Cristo es la fuerza y la sabiduría de Dios”: Los judíos exigen señales milagrosas, y los paganos sabiduría e inteligencia ante el misterio inescrutable de Dios, que ha manifestado su amor, mediante la entrega de su Hijo crucificado y resucitado.

    ¿Qué significa asumir la Cruz gloriosa de Jesucristo? En breves palabras, es asumir los sufrimientos de cualquier índole, que van apareciendo en los contextos de nuestra vida, y que son nuestra responsabilidad afrontarlos, con un espíritu de confianza y esperanza en la ayuda de Dios, independientemente del resultado. Tal como vivió Jesús su Pasión  y muerte de cruz, con plena confianza, y en una actitud   de filial obediencia a Dios, su Padre.

    El Señor Jesús una y otra vez en los evangelios afirma que, para ser sus discípulos debemos tomar la cruz y seguirlo. Es decir no darle la vuelta a las situaciones conflictivas y difíciles, sino asumirlas, viviéndolas con la confianza en Dios, independientemente si saldré adelante de manera exitosa, o desastrosa. La cruz camino de escándalo y de incomprensión, de locura y sin razón se explica solo desde  la experiencia del amor. Dejémonos conducir por el Espíritu Santo y recorramos la vida con la confianza en el amor de Dios manifestado en Jesucristo; así viviremos con esperanza el misterio de tantos interrogantes que suscita la presencia del mal en el mundo. Quien vive así garantiza la resurrección a la vida eterna, compartiendo la vida divina del amor.

    La Cuaresma es un tiempo propicio para la relación con Dios, mediante la oración, la meditación, y la caridad. La mirada debe estar en el domingo de Pascua, que nos recuerda la nueva vida, garantizada por la resurrección del Señor. La siguientes preguntas te ayudarán a vivir la Cuaresma, desarrollando tu espiritualidad: ¿Invocas al Espíritu Santo como alguien que está presente en ti? ¿Descubres tanto en la mujer como en el varón la presencia de Dios? ¿La vida humana la respetas y amas porque reconoces que su dignidad le viene de la presencia del Espíritu Santo, que habita en ella? ¿Te percibes y experimentas como Templo de Dios vivo?¿Te consideras y te ofreces tú mismo como ofrenda a Dios, especialmente en la Eucaristía?

    Si estas preguntas además de afrontarlas de manera personal, compartimos nuestras respuestas en familia, haremos de nuestra comunidad familiar una verdadera Iglesia doméstica. No olvidemos que así se desarrolló la Iglesia en los primeros 4 siglos. En este mes de marzo, mes de la familia pidámosle a Nuestra Madre, María de Guadalupe nos acompañe para convertir nuestras familias en células dinámicas y participativas de una sociedad fraterna y solidaria, capaz de reconciliarse, de fortalecer la esperanza, y de expresar con su estilo de vida, que ¡Dios camina con nosotros!

    Señora y Madre nuestra, María de Guadalupe, consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, ayúdanos a expresar nuestra solidaridad de forma creativa para hacer frente a las consecuencias de esta pandemia mundial, haznos valientes para acometer los cambios que se necesitan en busca del bien común.

    Acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria.

    Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio, y la constancia en la oración.

    Nos encomendamos a Ti, que siempre has acompañado nuestro camino como signo  de salvación y de esperanza. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen, María de Guadalupe! Amén.

  • Asumir la voluntad de Dios- Homilía- 28/02/21- II Domingo de Cuaresma

    Asumir la voluntad de Dios- Homilía- 28/02/21- II Domingo de Cuaresma

    Toma a tu hijo único, Isaac, a quien tanto amas; vete a la región de Moria y ofrécemelo en sacrificio, en el monte que yo te indicaré”.

    Muchas escenas de las historias bíblicas son figura y anuncio de realidades, que llegaron a la plenitud en la vida de Jesús de Nazaret. Entre ellas destaca sobremanera la que hoy hemos escuchado, sobre la solicitud de Dios a Abraham, para que, acorde a la tradición cultural y religiosa de esa época, le sacrificara a su Hijo único, en señal de reconocimiento y obediencia a la divinidad.

    El texto es una narración, que presenta el paso del sacrificio humano al sacrificio de animales, como ofrenda a Dios: “El ángel le dijo: “No descargues la mano contra tu  hijo, ni le hagas daño. Ya veo que temes a Dios, porque no le has negado a tu hijo único. Abraham levantó los ojos y vio un carnero, enredado por los cuernos en la maleza. Atrapó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo”.

    Además de esta importante transición cultural y religiosa, el pueblo de Israel lentamente fue comprendiendo, la necesidad de priorizar la obediencia a Dios, sobre cualquier sacrificio de una ofrenda externa de animales o primicias de producción vegetal. La Obediencia a la Voluntad de Dios Padre está por encima de cualquier otra obligación cultual; y la consecuencia la hemos escuchado: “Por haber hecho esto y no haberme negado a tu hijo único… en tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra, porque obedeciste a mis palabras”.

    El Evangelio de hoy presenta una de las escenas llamadas Teofánicas, es decir, momentos en que se manifiesta, a través de la humanidad de Jesús de Nazaret, su naturaleza divina como Hijo de Dios. La escena es un momento de intimidad, soledad  y silencio. Jesús ha elegido a tres de sus discípulos para que lo acompañen a subir el monte Tabor y orar ahí, en las alturas: “Jesús tomó aparte a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a un monte alto y se transfiguró en su presencia”.

    En la oración Jesús manifiesta la relación tan intensa que tiene con Dios su Padre, provocando un ambiente muy grato, de esos que uno quisiera no terminara jamás: “Pedro le dijo a Jesús: Maestro, ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. En realidad no sabía lo que decía, porque estaban asustados”.

    Ante la percepción de ver la blancura y transparencia en las vestiduras de Jesús, y escuchar el diálogo de Jesús con dos personajes históricos, figuras emblemáticas de  la Historia de Israel: Elías, considerado padre del profetismo en Israel, y Moisés, liberador, legislador, y conductor del Pueblo a la Tierra prometida; y finalmente ser testigos de una voz que venía de lo alto, expresando con claridad: “Este es mi Hijo amado; escúchenlo”; ante esta experiencia quedaron asustados y sin palabra. Así acontece cuando hay un encuentro con Dios, que se percibe su presencia en el interior de la persona. Estas son las experiencias místicas, según las ha nombrado la Iglesia.

    Jesús al retirarse del lugar retomó el diálogo y les dijo algo, que en ese momento no entendieron, pero obedecieron a Jesús: “Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos guardaron esto en secreto, pero discutían entre sí qué querría decir eso de resucitar de entre los muertos”.

    Esta preciosa y misteriosa escena nos deja una convicción fundamental, como lo fue para sus discípulos, quienes la entendieron al vivir la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús: Esta vida terrestre cobra pleno sentido cuando asumimos la convicción de la trascendencia, lo cual nos permitirá ser obedientes a las enseñanzas del Evangelio y nos dará la fortaleza para vivirlas.

    Quien cree en la Resurrección de Jesús, y por tanto, en la resurrección de los muertos, es capaz como Jesús, de transfigurar en su vida un testimonio convincente, al priorizar los valores del Reino de Dios ante los valores meramente humanos; y ciertamente, rechazando los supuestos valores, que solo representan ideologías sin relación posible con la trascendencia, sin relación de esta vida terrestre con la vida eterna.

    ¿Hemos adquirido la convicción de la trascendencia, creemos que esta vida es tránsito y preparación para la vida eterna? Esta Cuaresma es una oportunidad de revisar nuestra conducta y descubrir si nuestros intereses se mueven solamente en los valores transitorios para lograr mis fines, o si tengo la capacidad y experiencia de haberle dado prioridad a los Valores del Reino de Dios, por encima de los valores que solo se sustentan en la perspectiva de la vida terrestre, de los valores que solamente son pragmáticos para resolver conflictos temporales.

    San Pablo se encontró con Jesús en una experiencia singular, al escuchar la voz de Jesús que le decía: ¿Saulo, Saulo por qué me persigues? (Hech. 9,4). Dicha experiencia transformó su vida, conoció las enseñanzas de Jesús, y las vivió de manera ejemplar. Hoy hemos escuchado su contundente testimonio: “Hermanos: Si Dios está a nuestro favor, ¿quién estará en contra nuestra? El que no nos escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no va a estar dispuesto a dárnoslo todo, junto con su Hijo?”.

    El amor de Dios por nosotros es inmenso, pero como solamente siendo libres es posible amar, siempre está a la espera de nuestra libre respuesta. ¿Te has planteado en serio tu respuesta, a quien te creó, te da vida, quiere tu bien en esta vida terrestre, y te tiene preparada una mansión para toda la eternidad? La Cuaresma es un tiempo favorable, oportuno para decidirte a escucharlo, obedecerlo, poniendo en práctica sus enseñanzas, así contarás con la ayuda del Espíritu Santo, y testimoniarás, con la contundencia de San Pablo, la fortaleza para afrontar cualquier adversidad.

    ¿No te sientes con el ánimo de asumir la voluntad de Dios Padre? Contempla a Nuestra Madre, María de Guadalupe, quien por su obediencia, no solamente es inmensamente feliz, sino que tiene el gusto y la decisión firme de mostrarnos, como madre tierna y compasiva, el amor que su Hijo Jesús tiene por nosotros.

    Señora y Madre nuestra, María de Guadalupe, consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, ayúdanos a expresar nuestra solidaridad de forma creativa para hacer frente a las consecuencias de esta pandemia mundial, haznos valientes para acometer los cambios que se necesitan en busca del bien común.

    Acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria.

    Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio, y la constancia en la oración.

    Nos encomendamos a Ti, que siempre has acompañado nuestro camino como signo  de salvación y de esperanza. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen, María de Guadalupe! Amén.

  • ¿Cómo hay que vivir esta Cuaresma?- Homilía- 21/02/21- I Domingo de Cuaresma

    ¿Cómo hay que vivir esta Cuaresma?- Homilía- 21/02/21- I Domingo de Cuaresma

    Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”.

    ¿Qué significa la afirmación de Jesús “el Reino de Dios ya está cerca”? Jesús es la presencia de Dios en el mundo, para eso lo envió Dios Padre, y para eso el Hijo de Dios se encarnó en el seno de María. Por tanto, la presencia de Jesús es la presencia de Dios en el mundo. Al encarnarse el Hijo de Dios y asumir los condicionamientos propios de todo ser humano, queda manifiesta la cercanía de Dios con la humanidad; por tanto, Jesús encarna el Reino de Dios, y por ello, Jesús proclama que está ya cerca.

    Jesús agrega en su anuncio la condición para entrar al Reino: “Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”. Es decir, hay que entrar en nuestro propio corazón, hay que revisar si nuestras convicciones y creencias, nuestra conducta y nuestra fe se sustenta en creer que Jesús es la presencia de Dios en el mundo; por tanto, fortalecer nuestro conocimiento de la persona de Jesús para escuchar sus enseñanzas y hacerlas nuestras, practicándolas y transmitiéndolas.

    En razón de nuestra libertad para responder, el Reino de Dios en esta vida terrestre no alcanza su plenitud, pero ya como primicia, podemos gustar y saborear su bondad y vivir la felicidad no obstante las adversidades y conflictos que generan la ignorancia en muchos de la presencia del Reino de Dios entre nosotros, y de la fragilidad humana que a todos nos hace tropezar en el ejercicio de las enseñanzas de Jesucristo.

    Dada nuestra fragilidad humana es necesario tener siempre una actitud abierta para descubrir cuándo nos alejamos de las enseñanzas de Jesús, y corregir nuestra conducta con plena confianza en su misericordia. Ésta es la respuesta que pide Jesús al proclamar “Arrepiéntanse y crean en el Evangelio.

    Estamos iniciando la Cuaresma, tiempo de revisión, de escuchar la voz de Dios, de reflexión y oración; así seguiremos el ejemplo de Jesús, que dedicó 40 días para prepararse a su misión, de hacer presente el amor del Padre en el mundo, y para superar cualquier tentación que lo desviara de su propósito: “El Espíritu impulsó a Jesús a retirarse al desierto, donde permaneció cuarenta días y fue tentado por Satanás”.

    La pregunta que debemos hacernos es: ¿Ante tanta bondad de Dios con nosotros, me he decidido a vivir esta Cuaresma que hemos iniciado, con la finalidad de entrar a la experiencia del Reino de Dios?; porque Dios ya ha dado el paso, está de nuestro lado, pero, ¿cuál es mí y nuestra respuesta?

    Hoy la primera lectura narra el diluvio acontecido en tiempos de Noé, y cómo Dios  elige a Noé y a su descendencia y a todo ser viviente sobre la tierra para establecer una alianza, e iniciar un camino de preparación de un pueblo, cuya misión será transmitir al verdadero Dios Creador, que ama entrañablemente a sus creaturas: “Dijo

    Dios a Noé y a sus hijos: «Ahora establezco una alianza con ustedes y con sus descendientes… y con todo ser viviente sobre la tierra.

    ¿En qué consiste esa alianza que ha establecido Dios con la Humanidad? Es una alianza para promover y cuidar las condiciones favorables de la vida en toda la Creación, y evitar la destrucción de nuestra casa común: “Esta es la alianza que establezco con ustedes: No volveré a exterminar la vida con el diluvio ni habrá otro diluvio que destruya la tierra”.

    El proyecto de Dios es un proyecto de vida y no de muerte. Pero como toda alianza para que se cumpla deben las dos partes realizar su compromiso. Dios ha dado una señal: “Pondré mi arcoíris en el cielo como señal de mi alianza con la tierra, y cuando yo cubra de nubes la tierra, aparecerá el arcoiris y me acordaré de mi alianza con ustedes y con todo ser viviente”. ¿Hemos aprovechado esta señal de Dios, recordando al ver el arcoíris nuestra respuesta por el cuidado de la Casa común y de la vida que genera toda la Creación?

    San Pablo explica hoy, que además de la señal del arcoíris, al encarnarse el Hijo de Dios como hombre, transmitió mediante el bautismo un recurso extraordinario para  que todos sus discípulos, con la fuerza del Espíritu Santo, den testimonio vivo y atractivo del don de la vida para la humanidad: “Aquella agua era figura del bautismo, que ahora los salva a ustedes y que no consiste en quitar la inmundicia corporal, sino en el compromiso de vivir con una buena conciencia ante Dios, por la resurrección de Cristo Jesús, Señor nuestro”.

    Pero además de cuidar la Casa Común y llevar una vida a ejemplo de Jesucristo, nos reserva la gran promesa de la vida eterna, manifestada en el inmenso amor de Dios Padre por sus creaturas, al haber enviado a su Hijo, que se entregó generosamente para conducirnos con su ejemplo y convertirse así en Camino, Verdad y Vida: “Cristo murió, una sola vez y para siempre, por los pecados de los hombres; él, el justo, por nosotros, los injustos, para llevarnos a Dios; murió en su cuerpo y resucitó glorificado”.

    Renovemos de nuestra parte la alianza con Dios y asumamos el compromiso del bautismo en este tiempo tan desafiante, tan plural y polifacético, tan complejo y diverso, un mundo a la vez globalizado y dividido, un mundo con recursos abundantes para unos y con pobreza y miseria para otros. Quien sino solo Dios, Nuestro Padre nos puede unir para integrar la única familia humana, la familia de Dios.

    Por ello, con corazón agradecido hagamos nuestra la petición del salmo que hemos escuchado: “Descúbrenos, Señor, tus caminos, guíanos con la verdad de tu doctrina. Tú eres nuestro Dios y salvador y tenemos en ti nuestra esperanza”. Para eso vino Nuestra Madre, María de Guadalupe a nuestra Patria, nos ha dado identidad, y nos ha manifestado el infinito y tierno amor de una madre común, supliquemos nos acompañe en esta Cuaresma para obedecer la proclama de Jesús: “Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”.

    Señora y Madre nuestra, María de Guadalupe, consuelo de los afligidos, abraza a  todos tus hijos atribulados, ayúdanos a expresar nuestra solidaridad de forma creativa para hacer frente a las consecuencias de esta pandemia mundial, haznos valientes para acometer los cambios que se necesitan en busca del bien común.

    Acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria.

    Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio, y la constancia en la oración.

    Nos encomendamos a Ti, que siempre has acompañado nuestro camino como signo  de salvación y de esperanza. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen, María de Guadalupe! Amén.

  • ¿Cómo hay que vivir esta Cuaresma?- Homilía- 21/02/21- I Domingo de Cuaresma

    ¿Cómo hay que vivir esta Cuaresma?- Homilía- 21/02/21- I Domingo de Cuaresma

    Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”.

    ¿Qué significa la afirmación de Jesús “el Reino de Dios ya está cerca”? Jesús es la presencia de Dios en el mundo, para eso lo envió Dios Padre, y para eso el Hijo de Dios se encarnó en el seno de María. Por tanto, la presencia de Jesús es la presencia de Dios en el mundo. Al encarnarse el Hijo de Dios y asumir los condicionamientos propios de todo ser humano, queda manifiesta la cercanía de Dios con la humanidad; por tanto, Jesús encarna el Reino de Dios, y por ello, Jesús proclama que está ya cerca.

    Jesús agrega en su anuncio la condición para entrar al Reino: “Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”. Es decir, hay que entrar en nuestro propio corazón, hay que revisar si nuestras convicciones y creencias, nuestra conducta y nuestra fe se sustenta en creer que Jesús es la presencia de Dios en el mundo; por tanto, fortalecer nuestro conocimiento de la persona de Jesús para escuchar sus enseñanzas y hacerlas nuestras, practicándolas y transmitiéndolas.

    En razón de nuestra libertad para responder, el Reino de Dios en esta vida terrestre no alcanza su plenitud, pero ya como primicia, podemos gustar y saborear su bondad y vivir la felicidad no obstante las adversidades y conflictos que generan la ignorancia en muchos de la presencia del Reino de Dios entre nosotros, y de la fragilidad humana que a todos nos hace tropezar en el ejercicio de las enseñanzas de Jesucristo.

    Dada nuestra fragilidad humana es necesario tener siempre una actitud abierta para descubrir cuándo nos alejamos de las enseñanzas de Jesús, y corregir nuestra conducta con plena confianza en su misericordia. Ésta es la respuesta que pide Jesús al proclamar “Arrepiéntanse y crean en el Evangelio.

    Estamos iniciando la Cuaresma, tiempo de revisión, de escuchar la voz de Dios, de reflexión y oración; así seguiremos el ejemplo de Jesús, que dedicó 40 días para prepararse a su misión, de hacer presente el amor del Padre en el mundo, y para superar cualquier tentación que lo desviara de su propósito: “El Espíritu impulsó a Jesús a retirarse al desierto, donde permaneció cuarenta días y fue tentado por Satanás”.

    La pregunta que debemos hacernos es: ¿Ante tanta bondad de Dios con nosotros, me he decidido a vivir esta Cuaresma que hemos iniciado, con la finalidad de entrar a la experiencia del Reino de Dios?; porque Dios ya ha dado el paso, está de nuestro lado, pero, ¿cuál es mí y nuestra respuesta?

    Hoy la primera lectura narra el diluvio acontecido en tiempos de Noé, y cómo Dios  elige a Noé y a su descendencia y a todo ser viviente sobre la tierra para establecer una alianza, e iniciar un camino de preparación de un pueblo, cuya misión será transmitir al verdadero Dios Creador, que ama entrañablemente a sus creaturas: “Dijo

    Dios a Noé y a sus hijos: «Ahora establezco una alianza con ustedes y con sus descendientes… y con todo ser viviente sobre la tierra.

    ¿En qué consiste esa alianza que ha establecido Dios con la Humanidad? Es una alianza para promover y cuidar las condiciones favorables de la vida en toda la Creación, y evitar la destrucción de nuestra casa común: “Esta es la alianza que establezco con ustedes: No volveré a exterminar la vida con el diluvio ni habrá otro diluvio que destruya la tierra”.

    El proyecto de Dios es un proyecto de vida y no de muerte. Pero como toda alianza para que se cumpla deben las dos partes realizar su compromiso. Dios ha dado una señal: “Pondré mi arcoíris en el cielo como señal de mi alianza con la tierra, y cuando yo cubra de nubes la tierra, aparecerá el arcoiris y me acordaré de mi alianza con ustedes y con todo ser viviente”. ¿Hemos aprovechado esta señal de Dios, recordando al ver el arcoíris nuestra respuesta por el cuidado de la Casa común y de la vida que genera toda la Creación?

    San Pablo explica hoy, que además de la señal del arcoíris, al encarnarse el Hijo de Dios como hombre, transmitió mediante el bautismo un recurso extraordinario para  que todos sus discípulos, con la fuerza del Espíritu Santo, den testimonio vivo y atractivo del don de la vida para la humanidad: “Aquella agua era figura del bautismo, que ahora los salva a ustedes y que no consiste en quitar la inmundicia corporal, sino en el compromiso de vivir con una buena conciencia ante Dios, por la resurrección de Cristo Jesús, Señor nuestro”.

    Pero además de cuidar la Casa Común y llevar una vida a ejemplo de Jesucristo, nos reserva la gran promesa de la vida eterna, manifestada en el inmenso amor de Dios Padre por sus creaturas, al haber enviado a su Hijo, que se entregó generosamente para conducirnos con su ejemplo y convertirse así en Camino, Verdad y Vida: “Cristo murió, una sola vez y para siempre, por los pecados de los hombres; él, el justo, por nosotros, los injustos, para llevarnos a Dios; murió en su cuerpo y resucitó glorificado”.

    Renovemos de nuestra parte la alianza con Dios y asumamos el compromiso del bautismo en este tiempo tan desafiante, tan plural y polifacético, tan complejo y diverso, un mundo a la vez globalizado y dividido, un mundo con recursos abundantes para unos y con pobreza y miseria para otros. Quien sino solo Dios, Nuestro Padre nos puede unir para integrar la única familia humana, la familia de Dios.

    Por ello, con corazón agradecido hagamos nuestra la petición del salmo que hemos escuchado: “Descúbrenos, Señor, tus caminos, guíanos con la verdad de tu doctrina. Tú eres nuestro Dios y salvador y tenemos en ti nuestra esperanza”. Para eso vino Nuestra Madre, María de Guadalupe a nuestra Patria, nos ha dado identidad, y nos ha manifestado el infinito y tierno amor de una madre común, supliquemos nos acompañe en esta Cuaresma para obedecer la proclama de Jesús: “Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”.

    Señora y Madre nuestra, María de Guadalupe, consuelo de los afligidos, abraza a  todos tus hijos atribulados, ayúdanos a expresar nuestra solidaridad de forma creativa para hacer frente a las consecuencias de esta pandemia mundial, haznos valientes para acometer los cambios que se necesitan en busca del bien común.

    Acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria.

    Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio, y la constancia en la oración.

    Nos encomendamos a Ti, que siempre has acompañado nuestro camino como signo  de salvación y de esperanza. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen, María de Guadalupe! Amén.

     

  • ¿En qué hemos aprovechado este tiempo?- Homilía- 14/02/21- Domingo VI del Tiempo Ordinario

    ¿En qué hemos aprovechado este tiempo?- Homilía- 14/02/21- Domingo VI del Tiempo Ordinario

    El que haya sido declarado enfermo de lepra, traerá la ropa descosida, la cabeza descubierta, se cubrirá la boca e irá gritando: ¡Estoy contaminado! ¡Soy impuro! Mientras le dure la lepra, seguirá impuro y vivirá solo, fuera del campamento”.

    ¿No les parece que tiene mucha coincidencia con el confinamiento, que hemos debido guardar para evitar el contagio del Covid-19? La lepra en el tiempo de Jesús era una enfermedad que no tenía curación, y mucho menos había vacuna para obtener inmunidad. El leproso debía irse a vivir solo o con un grupo de leprosos como él, fuera de la población a esperar su muerte.

    La sensibilidad de Jesús es enorme, no tiene miedo a quedar impuro según la ley, ni a contagiarse; ya que no huye de la presencia de un leproso que se le acerca y de rodillas le suplica que lo cure: “Se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: Si tú quieres, puedes curarme. Y no solo lo escuchó compadecido, lo tocó y lo curó. Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: ¡Sí quiero: Sana! Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio”.

    El milagro es sorprendente, y así podemos comprender porque la fama de Jesús corría de boca en boca, llegando a las poblaciones cercanas de la rivera del lago de Galilea,  e incluso al norte hasta Tiro y Sidón poblaciones paganas, y al sur a Jerusalén, donde esperaban las fiestas de la Pascua para conocer a Jesús. Sin embargo, Jesús sorprende con el mandato que da al leproso curado: “Jesús le mandó con severidad: No se lo cuentes a nadie;…Pero aquel hombre comenzó a divulgar tanto el hecho, que Jesús no podía ya entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares solitarios, a donde acudían a él de todas partes”.

    ¿Qué es lo que pretendía Jesús, al pedir que no se divulgara el acontecimiento milagroso de la curación de la lepra? Para obtener una respuesta les propongo  recordar un viejo refrán que dice: Mientras el sabio contempla la luna, el necio se queda mirando al dedo que la apunta. Cuando acontece un milagro sin duda sorprende, pero es más importante conocer y tener en cuenta en nuestra vida al autor del milagro.

    Por esa razón, Jesús le indica al leproso curado: No se lo cuentes a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo prescrito por Moisés”. La intención de Jesús es que el leproso descubra quién lo ha curado, que descubra a Dios Padre; y por eso lo envía al templo para que haga oración y comience una relación con Dios, y descubra su amor, para que de esa manera el resto de su vida lo dedique a transmitir el amor, de quien lo ha sanado, y no solamente comentar su milagrosa curación.

    Y nosotros en medio de esta pandemia, que nos ha confinado y reducido al mínimo nuestras relaciones sociales de carácter presencial, ¿en qué hemos aprovechado este retiro y soledad, esta experiencia de enfermedad y muerte a nuestro alrededor? ¿Esta incertidumbre, de cuando terminará esto y cuándo volveremos a nuestra realidad anterior?

    El Papa Francisco ha advertido con claridad que, de esta pandemia, saldremos mejores o peores, pero no igual que antes. ¿Cuál es la clave para salir mejores? Según mi parecer es trabajar para convertirnos en personas sabias, que no nos quedemos mirando el dedo que apunta la luna, es decir, que no nos quedemos conociendo los acontecimientos a nuestro alrededor y lamentándonos de lo sucedido, buscando responsables de lo que sucede; en una palabra que dejemos de ser necios, y seamos sabios para descubrir la fuerza de nuestro espíritu, que da vida a nuestro cuerpo.

    Por ello es conveniente que nos preguntemos para qué nos ha dado Dios la vida, y reconozcamos que en Jesucristo, Dios Padre ha revelado su verdadera naturaleza, que es el amor. El verdadero Dios es un Dios Trinidad, una comunidad de tres personas  que se aman a tal punto, que se identifican en su querer y en su actuar. Para  promover un mayor conocimiento de Dios Trinidad revelado por Cristo, y salir mejores de esta pandemia les pregunto:

    ¿En este tiempo de confinamiento he aprovechado el tiempo para leer y meditar los Evangelios?¿Los momentos de silencio y soledad los he aprovechado para indagar mi interior, mis deseos, mis pensamientos, mis acciones y descubrir cuáles son para bien y cuáles para mal?

    ¿He podido ayudar a mi prójimo, en las personas de mi familia, de mis vecinos o de mis amigos, que me enteré sufren angustia o desesperanza? ¿He participado para auxiliar a los más pobres de mi ciudad, colaborando de alguna manera con las organizaciones pastorales o sociales?

    Jesucristo es el Camino a recorrer, y nosotros con nuestro testimonio de amor al prójimo, debemos darlo a conocer. Para ello es importante seguir los criterios que hoy ha recordado el apóstol San Pablo en la segunda lectura: “Hermanos: Todo lo que hagan ustedes, sea comer, o beber, o cualquier otra cosa, háganlo todo para gloria  de Dios. No den motivo de escándalo ni a los judíos, ni a los paganos, ni a la comunidad cristiana. Por mi parte, yo procuro dar gusto a todos en todo, sin buscar  mi propio interés, sino el de los demás, para que se salven. Sean, pues, imitadores míos, como yo lo soy de Cristo”.

    Acudamos con plena confianza, a quien tanto nos ha mostrado su amor, y a quien nos ha ayudado, incluso intercediendo ante su Hijo y obteniendo milagros en favor de tantos peregrinos; invoquemos en un breve momento de silencio a Nuestra Madre, María de Guadalupe para que nos acompañe en este difícil tiempo de pandemia, y durante esta Cuaresma, que inicia el próximo Miércoles de Ceniza, la aprovechemos para un encuentro con Dios, nos limpie de nuestras lepras y lleguemos a la Pascua renovados y siendo mejores personas: alegres, positivas y llenas de esperanza.

    Señora y Madre nuestra, María de Guadalupe, consuelo de los afligidos, abraza a  todos tus hijos atribulados, ayúdanos a expresar nuestra solidaridad de forma creativa para hacer frente a las consecuencias de esta pandemia mundial, haznos valientes para acometer los cambios que se necesitan en busca del bien común.

    Acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria.

    Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio, y la constancia en la oración.

    Nos encomendamos a Ti, que siempre has acompañado nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen, María de Guadalupe! Amén.

     

     

  • La vida y la salud son para servir-Homilía- 7/02/21-Domingo V del Tiempo Ordinario

    La vida y la salud son para servir-Homilía- 7/02/21-Domingo V del Tiempo Ordinario

    “Me han tocado en suerte meses de infortunio y se me han asignado noches de dolor. Al acostarme, pienso: ¿Cuándo será de día? La noche se alarga y me canso de dar vueltas hasta que amanece. Mis días corren más aprisa que una lanzadera y se consumen sin esperanza. Recuerda, Señor, que mi vida es un soplo. Mis ojos no volverán a ver la dicha”.

    El fuerte contraste, que presentan hoy los textos entre la primera y segunda lectura, entre la situación emotiva y dolorosa de Job, y en cambio la alegría contundente y convincente de Pablo, es un testimonio muy elocuente, de cómo puede cambiar  nuestra vida para bien, a pesar de lo dramático o trágica que sea la situación vivida en el presente.

    Job sufrió la desesperanza ante la tragedia de perderlo todo: hijos, posesiones, e incluso su propia salud, en un breve tiempo. El texto refleja la ansiedad y el vacío de sentido para seguir viviendo. Sin embargo su reflexión interior y el diálogo con sus amigos, le ayudó a descubrir que su situación no era castigo divino, y que al contrario, desconociendo los designios de Dios, llegó a la convicción que Dios no lo había abandonado, y recuperó su salud, reconstruyó su vida, y obtuvo la gracia de nuevos hijos, que le volvieron a dar la felicidad de vivir hasta el final de sus días.

    Por su parte Pablo afirma: “Aunque no estoy sujeto a nadie, me he convertido en esclavo de todos, para ganarlos a todos. Con los débiles me hice débil, para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos, a fin de ganarlos a todos. Todo lo hago por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes”.

    No es que a San Pablo la vida le haya sonreído por los constantes éxitos de su misión, pues también como Job padeció persecución, rechazo, burlas y falsas acusaciones, golpizas que lo dejaron aparentemente muerto, juicio ante tribunal y cárcel por cumplir su misión apostólica, y finalmente dos años de arresto domiciliario en Roma,  esperando la sentencia del máximo tribunal del Imperio, que finalmente lo condenó a   la decapitación y muerte.

    Por su parte, la escena del Evangelio manifiesta a Jesús como un verdadero y desinteresado servidor de los enfermos: “Al atardecer,… le llevaron a todos los enfermos y poseídos del demonio, y todo el pueblo se apiñaba junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios”.

    Destaco, que la suegra de Pedro al ser curada se levanta y se pone a servirles. Este dato muestra la importancia de orientar el sentido de la vida y de la salud, como un don que recibimos de Dios para servir a los demás, desde lo que son nuestras responsabilidades. Sin duda la suegra llevaba en su hogar la conducción propia de  una ama de casa, y desde lo que sabía hacer, inmediatamente sanada, lo asume con alegría porque es una decisión propia sin que nadie se lo hubiera pedido o exigido, lo hace correspondiendo al ejemplo de Jesús que la atendió en cuanto supo su situación.

    ¡Qué importante es nuestro testimonio de servicio, es el mejor medio para evangelizar!

    En cuanto a la liberación de los poseídos, Jesús prefiere actuar y no recibir comentarios sobre su acción. El silencio que pide Jesús apaga el protagonismo, que sin duda siempre daña a un servidor que recibe los halagos de los servidos, y puede tentar y dañar, al tiempo, la necesaria humildad, de quien se presenta como enviado,  en el caso de Jesús, mensajero de Dios Padre. Su interés es dar a conocer el amor y la misericordia, de quien lo envía.

    Otro aspecto de notar, es como Jesús, después de haber cumplido la misión de su Padre, se retira en el silencio y la soledad para dar cuenta de su acción, para orar y agradecer la asistencia del Espíritu Santo, y para seguir avanzando en el anuncio y la proclamación del Reino de Dios. Es un hermoso testimonio de cómo orar y dirigirnos a Dios Padre.

    Finalmente, Jesús ante la tentación del éxito que causa el bien, percibiendo la imagen de la popularidad y aceptación de la gente, decide ir a otras poblaciones y ampliar el radio de acción en el cumplimiento de su misión. Pero además con esta decisión manifiesta la necesidad de propiciar que la gente aprenda a no retener, a quien te garantiza bienestar y protección, sino aprender a generarla por sí mismos, como una comunidad que se ha encontrado con Dios: “Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dijeron: Todos te andan buscando. Él les dijo: Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido.

    ¿Qué debemos aprender de estos textos de la Palabra de Dios, que hoy hemos escuchado? ¿Cuáles son las lecciones que nos dejan?

    • Que la alegría y el entusiasmo para donar nuestra vida, viene de la generosidad de responder a la vocación, y lo confirma la vida interior de fortaleza ante las adversidades.
    • La constancia de seguir sirviendo sin importar a quién, con tal que lo necesite.
    • La importancia de tener a Dios en cuenta, y buscarlo desde nuestro interior, manifestándole nuestros sentimientos con claridad sincera y honestidad plena, dejando en sus manos las decisiones. ¡Para eso es la Oración!
    • Transmitir y compartir en diálogo sincero con la familia, amigos, grupos apostólicos, nuestra experiencia, y especialmente la sensibilidad creciente de las intervenciones de Dios en nuestra vida. Sin ninguna pretensión de presumir, o de generar imagen ante los demás, sino de testimoniar cómo Dios nos acompaña, y manifiesta su amor en la vida diaria.

    Nuestra Madre, María de Guadalupe es un ejemplo vivo y ya extendido, entre todos los que la invocamos, y hemos recibido su auxilio para ser buenos discípulos de su Hijo Jesús. Agradezcamos de corazón su presencia entre nosotros y pidamos nos auxilie para seguir su ejemplo y transmitir nuestra experiencia, sirviendo a nuestros prójimos, especialmente a los más necesitados.

  • Jesús ha pedido a sus discípulos ser profetas- Homilía- 31/01/21-IV Domingo del Tiempo Ordinario

    Jesús ha pedido a sus discípulos ser profetas- Homilía- 31/01/21-IV Domingo del Tiempo Ordinario

    00″El Señor Dios hará surgir en medio de ustedes, entre sus hermanos, un profeta como yo. A él lo escucharán”.

    ¿Cuál es la misión del profeta? Anunciar el mensaje de Dios. El anuncio es una invitación a escuchar la voz del Señor y conocer su contenido, y de acuerdo a ese mensaje, señalar los puntos que confrontan la conducta personal y social de una población.

    ¿Por qué es tan importante escuchar y aceptar el mensaje profético? La invitación no solo es para ofrecer información, sino especialmente para interpelar, cuando el Señor exige confrontación y cambio en el proceder de un pueblo, en vista de prevenir  y alertar en las consecuencias negativas, que podrían darse de no atender el llamado; y para motivar la voluntad y mover el corazón de los oyentes, dando a conocer las nuevas y positivas situaciones que generará la intervención divina en favor de la comunidad.

    Por qué entonces el pueblo afirma: “No queremos volver a oír la voz del Señor nuestro Dios”. Sin duda como todo ser humano existe conciencia de nuestra fragilidad, hoy decimos que sí, y mañana no cumplimos lo prometido. El miedo a escuchar la voz del Señor compromete, no quita la libertad, pero exige respuesta.

    La misión profética juega un papel decisivo para mantener las buenas relaciones entre Dios y la comunidad. De aquí la importancia de la presencia de profetas en la vida de una comunidad, y por eso es tan necesaria la indispensable fidelidad del Profeta para cumplir su misión; así, entendemos la dura sentencia de muerte para quien manipule la voz de Dios: “el profeta que se atreva a decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de otros dioses, será reo de muerte”.

    Jesucristo ha pedido a sus discípulos ser profetas, para anunciar y proclamar la Buena Nueva, el Evangelio, que consiste en la llegada del Reino de Dios. Por esta razón comprenderemos, por qué, cuando fuimos bautizados en su nombre, se afirmó que participamos como profetas, sacerdotes, y reyes, por ser discípulos de Jesucristo.

    Como profetas para anunciar la voz de Dios de palabra y obra, como sacerdotes para unir nuestra ofrenda existencial al sacrificio de Cristo en la Eucaristía, y como reyes para dar testimonio con nuestra vida de los valores del Reino de Dios, proclamado y vivido por el mismo Jesucristo al encarnarse, asumiendo nuestra condición humana, y así, constituirse en Camino, Verdad, y Vida.

    Con esta explicación podremos entender y profundizar la reflexión de San Pablo sobre la importancia de la vida celibataria: “El hombre soltero se preocupa de las cosas del Señor y de cómo agradarle; en cambio, el hombre casado se preocupa de las cosas de esta vida y de cómo agradarle a su esposa, y por eso tiene dividido el corazón. En la misma forma, la mujer que ya no tiene marido y la soltera, se preocupan de las cosas del Señor y se pueden dedicar a él en cuerpo y alma. Por el contrario, la mujer casada se preocupa de las cosas de esta vida y de cómo agradarle a su esposo”.

    Es decir, los desposados su primera obligación es la atención mutua y la de los hijos; por lo cual la misión de profetas, sacerdotes y reyes se queda como segunda prioridad. En cambio, el célibe tiene la disponibilidad de asumir como prioridad en su vida la dedicación en plenitud al servicio del Reino de Dios, al auxilio de la comunidad y de las familias, para orientar y acompañar a los bautizados en su misión, y para auxiliar a los necesitados presentes en su comunidad.

    Lamentablemente el actual contexto socio-cultural ha puesto como prioridad de la vida el disfrute sexual a como dé lugar. Cuando la verdadera y permanente felicidad es fruto del amor, que nace y crece en el servicio al prójimo. No obstante, la Iglesia afirma y mantiene con claridad la validez y la necesidad del celibato, en vista de ofrecer plena disponibilidad para servir al Señor, promoviendo y atendiendo a los hermanos.

    En este sentido invito a los jóvenes, varones y mujeres, a las personas viudas, que ya han cumplido sus obligaciones matrimoniales y familiares a escuchar y asumir lo que el Salmo de hoy aconsejaba:Hagámosle caso al Señor, que nos dice: «No endurezcan su corazón, como el día de la rebelión en el desierto, cuando sus padres dudaron de mí, aunque habían visto mis obras”. Estas palabras invitan a considerar la manera, en la que pueda llevar a cabo, mi personal aporte como discípulo de Jesucristo.

    Si cumplimos nuestra misión profética tendremos la fortaleza del Espíritu Santo, como lo manifiesta Jesús en el pasaje de hoy, para liberar a quienes sufren por consecuencia de haber permitido que su corazón fuera atraído y seducido por el mal, quedando atrapados en tan nefastos condicionamientos, de los cuales solos es muy difícil que se liberen: “Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: ¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios. Jesús le ordenó: ¡Cállate y sal de él! El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él”.

    También hoy, hay muchos que necesitan la fuerza del Espíritu de Dios para liberarse de la seducción del placer, del poder, o de la codicia y ambición. Como Iglesia está en nuestra voluntad aprender a ser conducidos por el Espíritu para dar testimonio contundente, que Dios camina con nosotros, y quiere liberar a sus hijos de todo mal, cualquiera sea la condición en que se encuentre.

    Pidamos a Nuestra Madre, María de Guadalupe, que nos acompañe a disponer nuestro corazón para recibir como ella, la asistencia del Espíritu Santo, y podamos en estos tiempos tan desafiantes, cumplir nuestra misión profética, como buenos discípulos de su hijo Jesús, y en su nombre, venzamos el mal a fuerza del bien.

    Abramos nuestro corazón, y expresémosle nuestra súplica, confiando en su amor maternal y misericordioso, en un breve momento de silencio.

    Señora y Madre nuestra, María de Guadalupe, consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, ayúdanos a expresar nuestra solidaridad de forma creativa para hacer frente a las consecuencias de esta pandemia mundial, haznos valientes para acometer los cambios que se necesitan en busca del bien común.

    Acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria.

    Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio, y la constancia en la oración.

    Nos encomendamos a Ti, que siempre has acompañado nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen, María de Guadalupe! Amén.

     

  • ¿Qué significa seguir a Jesús?- Homilía- 24/01/21-Domingo III del Tiempo Ordinario

    ¿Qué significa seguir a Jesús?- Homilía- 24/01/21-Domingo III del Tiempo Ordinario

    «Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios está llegando. Conviértanse y crean en el Evangelio”.

    El primer anuncio y mensaje de Jesucristo es que ha llegado el Reino de Dios, porque él, como Hijo de Dios, al encarnarse ha hecho presente a Dios en la Historia de la humanidad. Y como bien advirtió: “Sepan, que yo estoy con Ustedes hasta el final de los tiempos” (Mt. 28,20); significa que Jesucristo camina con nosotros y a través de nosotros, como lo expresa su inmediata llamada a congregar a sus discípulos que prolongarán su presencia en el mundo.

    “Jesús… vio a Simón y a su hermano, Andrés, y les dijo: Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante, vio a Santiago y a Juan,… y los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre …, se fueron con Jesús”.

    Seguir a Jesús es más que simplemente aceptar sus enseñanzas, seguir a Jesús es en consecuencia formar parte de la comunidad de discípulos. La Conversión a la que llama Jesús, no es solo arrepentirse de los pecados y adecuar mi conducta a los mandamientos de la ley de Dios, sino que debe ir acompañada de creer la Buena Noticia, el Reino de Dios ha llegado, y en decidir integrarse a la comunidad de discípulos de Cristo. A este paso, el documento de Aparecida lo ha llamado Conversión Pastoral.

    El documento en el número 368 plantea la exigencia que implica dar este paso: “La conversión pastoral requiere que las comunidades eclesiales sean comunidades de discípulos misioneros en torno a Jesucristo, Maestro y Pastor. De allí, nace la actitud de apertura, de diálogo y disponibilidad para promover la corresponsabilidad y participación efectiva de todos los fieles en la vida de las comunidades cristianas. Hoy, más que nunca, el testimonio de comunión eclesial y la santidad son una urgencia pastoral. La programación pastoral ha de inspirarse en el mandamiento nuevo del amor”.

    La comunidad de discípulos que sigue a Jesús, vive los valores del Reino iluminados por la Palabra de Dios, lo cual implica que consideremos que no solo somos buenos católicos, participando como fieles en la celebración de los Sacramentos y en las prácticas religiosas y culturales que ofrecemos en nuestros templos, sino que asumamos el compromiso de integrarnos en pequeñas comunidades en torno a la Palabra de Dios, que oriente nuestro actuar, confronte nuestro caminar, y nos lance con esperanza y decisión a ser una Iglesia en salida, una Iglesia que promueva el anuncio kerigmático de la Buena Nueva en nuestros propios ambientes de vida y en los diversos contextos sociales.

    Así lo propone el documento de Aparecida en el No. 370: “La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera. Así será posible que el único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de cada comunidad eclesial (NMI 12) con nuevo ardor misionero, haciendo que la Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera”.

    Para ello, viene muy bien la advertencia de San Pablo: “la vida es corta. Por tanto, conviene que los casados vivan como si no lo estuvieran; los que sufren, como si no sufrieran; los que están alegres, como si no se alegraran; los que compran, como si no compraran; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran de él; porque este mundo que vemos es pasajero”.

    En efecto, necesitamos adquirir una actitud de desapego a los bienes de esta vida, para poder, como los primeros discípulos, centrar nuestra vida en la proclamación del Reino de Dios, y en el testimonio personal y comunitario de los valores del Reino.

    Los invito a que hagamos nuestra la orden que Dios dirigió a Jonás: «Levántate y vete a Nínive, la gran capital, para anunciar ahí el mensaje que te voy a indicar”. Con la confianza y esperanza de que nuestros interlocutores en toda América Latina y el Caribe respondan como lo hicieron los ninivitas a la predicación de Jonás: “Los ninivitas creyeron en Dios”, y actuaron en consecuencia.

    La tarea queda clara, recordando los números 366 y 367 del documento de Aparecida: “estamos llamados a asumir una actitud de permanente conversión pastoral, que implica escuchar con atención y discernir “lo que el Espíritu está diciendo a las Iglesias” (Ap 2, 29) a través de los signos de los tiempos en los que Dios se manifiesta. La pastoral de la Iglesia no puede prescindir del contexto histórico donde viven sus miembros. Su vida acontece en contextos socioculturales bien concretos. Estas transformaciones sociales y culturales representan naturalmente nuevos desafíos para la Iglesia en su misión de construir el Reino de Dios. De allí nace la necesidad, en fidelidad al Espíritu Santo que la conduce, de una renovación eclesial, que implica reformas espirituales, pastorales y también institucionales”.

    A la luz de estos párrafos considero, que el Papa Francisco tiene toda la razón al a haber indicado al CELAM, que en lugar de convocar a una VI Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, se celebrara en noviembre próximo en nuestro País, la primera Asamblea Eclesial de Latinoamérica y el Caribe, que hoy anunciamos con la finalidad de retomar el documento de Aparecida para impulsar el proceso de su aplicación en nuestras Diócesis.

    Pidamos a Nuestra Madre, María de Guadalupe, que nos acompañe en el camino de preparación de la Asamblea Eclesial, y en la posterior fecundidad para cumplir la misión de proclamar y testimoniar como lo hizo Jesús, que Dios Padre nos ama, y nos regala los dones del Espíritu Santo para vivir conforme a las enseñanzas y ejemplo de su Hijo Jesucristo, Nuestro Señor. ¡Que así sea!

  • Misa de exequias de Mons. Francisco Daniel Rivera- Homilía- 20/01/21

    Misa de exequias de Mons. Francisco Daniel Rivera- Homilía- 20/01/21

    Tu bondad y misericordia me acompañarán todos los días de mi vida y viviré en la casa del Señor por años sin término”(Sl 22,6).

    Esta estrofa final del Salmo 22, el Señor es mi pastor, nada me faltará, perfila muy bien este momento que vivimos en la despedida de monseñor Daniel entre nosotros. Y también el resto de las lecturas que hemos escuchado como Palabra de Dios. Voy a ir delineando desde lo que escuchamos, algunas frases de esta Palabra de Dios, que describen el perfil de la personalidad de monseñor Daniel.

    En la primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, se presenta la posición de quien no cree en Dios, de los impíos, dice el texto: “Los impíos razonando equivocadamente se dijeron triste y corta es la vida e irremediable el trance final del hombre”(Sb 2,1). Para luego el texto contraponer afirmando: “Esto es lo que piensan los que no creen en Dios, los impíos, pero se engañan, porque su maldad los ciega, no conocen los designios de Dios” (Sb 2, 21-23).

    Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de sí mismo. Cuando tenemos esta convicción de fe en nuestro corazón, en nuestro interior, somos muy dóciles a la palabra de Dios y a las exigencias de la misión de la iglesia, como lo fue Daniel. Tenemos esa aceptación de la voluntad del Padre, en aquello que a través de las autoridades correspondientes, le exigen o le piden a uno realizar.

    Y también, cuando somos autoridad, y tenemos que pedir a algo a alguien subordinado a nosotros, como él lo fue en los distintos cargos y responsabilidades dentro de su Congregación, y como lo fue siendo Obispo entre nosotros; conviene ejercer la autoridad con suavidad, pero con firmeza; con determinación, sí, pero con el reconocimiento de que el otro también está en esa libertad de aceptar o no lo que se le pide. Esto lo vivió Daniel gracias a la Espiritualidad de la Cruz, de la cual él estaba enamorado, plenamente.

    Y por eso, podemos afirmar que él es uno de los que describe San Pablo hoy, en la lectura: “los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios” (Rm 8,14). Todos hemos sido creados a imagen de Dios y para ser sus hijos, lamentablemente a unos les cuesta más trabajo que a otros, y quizá algunos no lo logran en esta vida, pero dejándonos guiar por el Espíritu Santo, como él lo aprendió como Misionero del Espíritu Santo, logramos generar en nosotros el espíritu de hijo, y nuestra relación con Dios Padre a través de Jesucristo.

    Por ello expresa San Pablo: “el mismo Espíritu Santo, a una con nuestro propio espíritu, da testimonio de que somos hijos de Dios. Es el Espíritu Santo que en relación con nuestro propio espíritu nos hace dar testimonio de que somos hijos  de Dios. Y si somos hijos, somos también herederos de Dios y coherederos con Cristo, puesto que sufrimos con él para ser glorificados junto con él” (Rm 8,  16-17).

    Él pasó esta prueba durísima, del contagio, de la infección del Covid y conociéndolo, no dudo ni un momento en afirmar que lo asumió con plena voluntad de realizar lo que Dios quería de él.

    En el evangelio por su parte, Jesús declara: “Yo les aseguro que, si el grano de trigo sembrado en la tierra no muere, queda infecundo, pero si muere producirá mucho fruto”(Jn 12,24) . Este pasaje quizá lo hemos muchas veces escuchado y siempre referido al mismo Jesús, pareciera la intención del evangelista Juan de que Él va a tener que morir para ser fecundo. Pero es lo que sucede en todo  aquel que logra ser hijo de Dios, dejándose guiar por el Espíritu Santo. Al morir crece su fecundidad, como le ha pasado a tantos santos.

    San Francisco de Asís, al final de su vida, vio con tristeza la división de sus hermanos, pero nunca desconfió de su Padre Dios. Y hoy vemos en la Iglesia la congregación y espiritualidad franciscana la más extendida en todo el mundo. La fecundidad se da después de nuestra muerte.

    También en el evangelio de hoy escuchamos: “el que quiera servirme que me siga, para que donde yo esté también esté mi servidor. El que me sirve será honrado  por mi Padre”(Jn 12,26). Sirviendo al Señor lo honramos y lo hacemos presente entre los demás.

    Este es el testimonio que han compartido, particularmente los cuatro Obispos Auxiliares que vivían junto con él en este año, un testimonio ejemplar de quien fue un aporte muy especial para que nuestros Obispos asumieran una actitud plena y en conciencia, de la ventaja de estar viviendo en comunidad.

    Por eso con toda convicción afirmo que Daniel fue un buen pastor,  no le ha  tocado -el Señor así lo ha querido- que fuera muchos años Obispo, solo uno, pero uno le bastó: ¡Fue un buen pastor!

    Como sacerdote yo lo conocí allá por el año 1992 en Milán, como Vicario Parroquial como un hombre de Dios y un buen Pastor, y después en distintos niveles de responsabilidad de formador, y también como lo fue al final en su  propia Congregación Religiosa de Superior General.

    El salmo que proclamamos hoy dice: “El señor es mi pastor y nada me faltará”(Sl 22,1); y la estrofa final expresa lo que vive hoy Daniel: “tú bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida, y viviré en la Casa del Señor por años sin término” (Sl, 22, 6). Amen.

  • Descubrir la propia vocación y seguirla- Homilía- 17/01/21- II Domingo del Tiempo Ordinario

    Descubrir la propia vocación y seguirla- Homilía- 17/01/21- II Domingo del Tiempo Ordinario

    “Aún no conocía Samuel al Señor, pues la palabra del Señor no le había sido revelada. Por tercera vez llamó el Señor a Samuel; éste se levantó, fue a donde estaba Elí y le dijo: “Aquí estoy. ¿Para qué me llamaste? Entonces comprendió Elí que era el Señor quien llamaba al joven y dijo a Samuel: Ve a acostarte, y si te llama alguien, responde: Habla, Señor; tu siervo te escucha. Y Samuel se fue a acostar”.

    Esta bella historia del joven Samuel expresa la ignorancia de un joven que no ha descubierto la forma como Dios se manifiesta y se comunica, con cada uno de nosotros. De pequeños, nacidos en una familia cristiana, nos enseñan oraciones que debemos recitar para orar y para dirigir nuestras súplicas a Dios. Sin embargo, son solamente los primeros pasos para aprender a relacionarnos con Dios, nuestro Padre. Nos ayudan a descubrir que Dios es alguien, a quien debemos tener en cuenta a lo largo de nuestra vida.

    Habitualmente después de esos primeros pasos y llegada la adolescencia, nuestra preocupación ya no es orar y buscar a Dios, sino responder a la pregunta, ¿quién soy yo, y que será de mi vida? Y si no tenemos a mano alguien, que nos recuerde que la vida ha sido un regalo de Dios, y que él tiene un proyecto para mí, fácilmente caeremos en una búsqueda de sentido, donde yo sea el protagonista y decida cómo vivir, conforme a mis atracciones. Aquí viene bien tener en cuenta la advertencia del apóstol Pablo que escuchamos en la segunda lectura: “El cuerpo no es para fornicar, sino para servir al Señor; y el Señor, para santificar el cuerpo”.

    Samuel sí tuvo quien lo instruyera sobre lo que debía responder. Y Samuel obediente a la instrucción respondió adecuadamente, iniciando un camino que lo llevaría a ser profeta y juez del pueblo de Israel: “De nuevo el Señor se presentó y lo llamó como antes: Samuel, Samuel. Este respondió: Habla, Señor; tu siervo te escucha”.

    La clave es aceptar ser siervo, es decir servidor del Señor Dios, y abrir los oídos y la inteligencia para escuchar sus indicaciones. A este proceso la espiritualidad cristiana lo ha llamado discernimiento vocacional.

    Discernir es clarificar lo que se mueve en nuestro interior para realizar el bien, estar atento a las inquietudes del corazón, a las reacciones ante los acontecimientos que se presentan, y llegar a la decisión para actuar en consecuencia con lo que mi conciencia considera mi mejor aportación.

    Este proceso habitual, facilita descubrir la vocación, a la que estoy llamado, cuál es la misión que Dios quiere confiarme. En este paso se vuelve fundamental el consejo de personas mayores, que han caminado en la vida positivamente, y a quienes les tenga confianza para abrir mi interior. Tener a la mano personas, que me indiquen a quien acudir es un gran auxilio.

    En el Evangelio de hoy escuchamos cómo Juan Bautista cumplió la misión de indicar a dos de sus discípulos, quién era Jesús: “Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron lo que Juan el Bautista decía y siguieron a Jesús”. Ellos por su parte siguieron la indicación y su experiencia fue maravillosa: “Los dos discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús. Él se volvió hacia ellos, y viendo que lo seguían, les preguntó: ¿Qué buscan? Ellos le contestaron: ¿Dónde vives, Rabí? Él les dijo: Vengan a ver. Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día.

    La experiencia los llenó de tanta alegría y entusiasmo, que el discípulo Andrés inmediatamente compartió con su hermano Simón: “El primero a quien encontró Andrés, fue a su hermano Simón, y le dijo: Hemos encontrado al Mesías. Lo llevó a donde estaba Jesús y éste fijando en él la mirada, le dijo: Tú eres Simón, hijo de Juan. Tú te llamarás Kefás, que significa Pedro”.

    Vemos la importancia de compartir con los más cercanos, las experiencias que atraen y sorprenden por inesperadas, y por descubrir caminos insospechados, como lo fue para estos dos hermanos, y lo ha sido para tantos en la historia, que se han dejado seducir por la presencia del Espíritu de Dios que interviene y se manifiesta en la vida terrena. Porque como bien afirma San Pablo: “¿No saben ustedes que sus cuerpos son miembros de Cristo? Y el que se une al Señor, se hace un solo espíritu con él… ¿O es que no saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que han recibido de Dios y habita en ustedes?”.

    En efecto, descubrir la propia vocación y seguirla para responder al llamado de Dios fortalece y dinamiza a toda persona, porque se le concede corresponder a la acción divina del Espíritu Santo.

    Sin embargo, ante tanta belleza y encanto, que provoca a quienes deciden responder vocacionalmente a Dios, Nuestro Padre; también constatamos tantos jóvenes, que hoy caminan sin rumbo en la vida, que se dejan seducir por el placer, el poder, o la acumulación de riquezas, y al primer tropezón se derrumban, y son víctimas de la desesperación, a tal grado, que lamentablemente en nuestro tiempo se han vuelto recurrentes los suicidios entre los jóvenes.

    Es urgente acercarnos a ellos y ofrecerles ayuda, especialmente cuando están deprimidos, o se sienten fracasados o derrotados, de aquí la importancia de la Pastoral Juvenil-Vocacional, que debemos fortalecer en nuestra Arquidiócesis.

    Especialmente hago un llamado a los jóvenes que ya han encontrado un buen camino vocacional, para que se sumen a esta urgencia de acompañamiento a las nuevas generaciones.

    Pidamos a nuestra Madre, María de Guadalupe, nos auxilie, y acompañe nuestros esfuerzos pastorales en general, y especialmente en la atención de adolescentes y jóvenes.

    Señora y Madre nuestra, María de Guadalupe, consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, ayúdanos a expresar nuestra solidaridad de forma creativa para hacer frente a las consecuencias de esta pandemia mundial, haznos valientes para acometer los cambios que se necesitan en busca del bien común.

    Acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria.

    Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio, y la constancia en la oración.

    Nos encomendamos a Ti, que siempre has acompañado nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen, María de Guadalupe! Amén.